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Las perdices las cazamos como complemento de nuestras tiradas de torcaces, patos y gansos, pudiendo cazar unas 10 perdices por cazador/día con perros de muestra pointer y bracos. Testimonios sobre la caza de gansos
Caza de Perdices en Argentina... La vida de las perdices atraviesa una etapa en la que se suceden los enfrentamientos guerreros entre los machos, para la elección de la hembra y así cerrar su ciclo biológico natural.
Durante las distintas fases madurativas de los pollos ya se ha ido cimentando una jerarquía donde las más valientes y agresivas perdices ocupan los puestos de mando, que suele estar encabezado por el padre, seguido muy de cerca por los pollos más valerosos.
Una vez llegado al estado adulto adquieren el tamaño de las perdices, se igualan en tamaño a ella y adquieren el nombre de igualones. Ya en estas fechas los machos de mayor empuje y valor pretenden escalar posiciones de dominio sobre aquellos otros miembros del bando más flojos de temperamento, de menor casta y agresividad.
Estas riñas, peleas y continuos enfrentamientos de perdices, suelen comenzar con varias fases de tanteo, que les servirá para consolidar una jerarquía de mando que será determinante cuando comience la disgregación del bando en pares ó colleras. Es el progenitor de las mayores perdices el que suele controlar los distintos conatos de insumisión que se producen en el clan familiar. Este momento coincide en ser bueno para la caza.
La llamada de la naturaleza para las perdices para su reproducción hará disparar, de forma inevitable, la contienda entre sus miembros para elegir pareja y posteriormente buscar un nuevo territorio, o querencia, donde asentarse y hacerse fuertes para la siguiente generación de perdices.
Es cuando los aletazos, saltos, agarrones, picotazos, carreras, persecuciones, y enfrentamientos de caza se suceden sin parar. Las hembras perdices son testigos de estos lances y como meras observadoras muestran una falsa indiferencia. Solo suelen apartarse a cierta distancia dejando espacio a los machos guerreros perdices para que puedan batirse a su gusto en esta caza.
En ocasiones, alguno de ellos se encarama sobre lugares algo elevados mostrando su superioridad sobre el resto de las perdices. Mientras, otros pollos valerosos, en grupos de dos o más, esperan al entronizado macho que se baje de su atalaya para darle un soberano escarmiento. Las alas caídas, las moñas levantadas, alguna que otra pluma que vuela y la emisión de cantos y sonidos, suelen presidir estas escenas belicosas entre las perdices.
Los que ocupan los lugares de privilegio son los primeros en elegir hembra y así el resto del bando permite que se aparte con la “elegida” a cierta distancia. Pero si alguna de las perdices no está de acuerdo introduce de nuevo la discordia en el bando y de nuevo vuelta a los enfrentamientos de caza.
De esta forma, gradualmente, cada pareja recién formada abandona la formación grupal donde ha nacido y desarrollado y buscan un lugar diferente al resto de las perdices. Cuando la densidad de las perdices es elevada, se hace muy simple su caza.
No obstante, al principio de cada temporada de perdices cuando emplazamos nuestro puesto para la caza en aquellos lugares donde se ha tenido lugar hace poco la partición del bando, solemos ser testigos de enfrentamientos, carreras y persecuciones pues aún no tienen bien delimitadas las querencias. Algunos piolíos, revoladas y el presentarse de callada varias parejas de perdices en la ubicación de nuestro puesto, serán también maravillosas escenas que harán aun más divertida la caza. |